Tratamientos con efecto "lifting". Expectativas sensatas en dermatología estética
- Dra. García Millán
- 25 feb
- 5 Min. de lectura
Hace unos días, Telva publicaba el artículo "¿Por qué se nos cae la cara?" firmado por Paloma Sancho en el que contó con mi participación para abordar una pregunta muy habitual: cómo conseguir un efecto “lifting” sin pasar por quirófano.
En ese texto puse el foco, sobre todo, en dos pilares muy útiles cuando se indican con criterio: los dispositivos basados en energía y el ácido hialurónico. Hoy quiero ampliar la mirada: el rejuvenecimiento natural suele construirse combinando herramientas que actúan en distintas capas, con una estrategia clara y medida.
El envejecimiento facial y la sensación de “caída” no dependen solo de la piel: intervienen el músculo, la redistribución y pérdida de grasa, el remodelado óseo y, por supuesto, la calidad cutánea. Por eso, aunque hoy disponemos de tratamientos que mejoran firmeza y estructura y pueden aportar un efecto tensor, el lifting “real” solo lo consigue la cirugía, recolocando los tejidos en su sitio. Dicho esto, la medicina estética tiene un papel claro cuando la paciente busca retrasar esa cirugía o prevenir descolgamientos mayores: no es cierto que “solo sirva” operar, pero tampoco podemos reducirlo todo a “inducir colágeno”. La clave está en seleccionar bien a la paciente, individualizar objetivos y, ante todo, ser honestos como médicos sobre lo que se puede y lo que no se puede lograr.
El lifting “real” solo lo consigue la cirugía, recolocando los tejidos en su sitio. Dicho esto, la medicina estética tiene un papel claro cuando la paciente busca retrasar esa cirugía o prevenir descolgamientos mayores.
Qué significa realmente “lifting” sin cirugía
Conviene empezar por acotar expectativas. El “lifting” no quirúrgico no es una técnica única ni una promesa universal. En medicina estética hablamos, más bien, de combinar estrategias que actúan en distintos niveles: mejorar la calidad de la piel (tono, textura, manchas), recuperar soporte en zonas que han perdido estructura (planos profundos: compartimentos grasos y ligamentos)y modular ciertos gestos que, con el tiempo, marcan una expresión más cansada. La evidencia reciente insiste en que no basta con saber “qué funciona”, sino en entender para quién, cuándo y con qué perfil de seguridad. Por eso el diagnóstico y la valoracion precisa siguen siendo el primer paso real del plan.
Ácido hialurónico: soporte y armonía, no volumen por sistema
El ácido hialurónico (AH) es una herramienta excelente cuando se utiliza para sostener y reposicionar, especialmente en el tercio medio (región malar y pómulo), donde pequeñas correcciones bien planteadas pueden aportar un efecto de “descanso” global. Las guías de inyección recalcan que la naturalidad depende de la anatomía, del plano correcto y de la selección del producto según cada zona, no de “rellenar” de forma indiscriminada.
A esto se suma un matiz importante que influye en la estrategia: el AH puede persistir más tiempo de lo que se pensaba, especialmente en planos profundos. Estudios con resonancia magnética han detectado relleno en el tercio medio al menos dos años después de la infiltración y, en algunos casos, incluso más. Esto refuerza una idea clave: planificar por fases, ser conservadores con las cantidades y priorizar siempre la armonía facial. No todos tenemos que tener la "misma cara".
Dispositivos de energía: cuando la piel pide calidad
Si el problema principal es una flaccidez incipiente, con pérdida en la calidad de la piel (cuando notamos ese "pellizco" de forma más acusada) los dispositivos basados en energía (EBD) son el aliado perfecto y los mejores protocolos son los que combinan EBD junto a inyectables en fases. Bajo este paraguas se incluyen distintas tecnologías (luz visible, láser, radiofrecuencia, ultrasonidos) con fines médicos/estéticos. Actúan produciendo calentamiento en los tejidos, que estimula la síntesis de colágeno. No sustituyen nunca un lifting quirúrgico pero si se emplean de forma correcta (adecuada experiencia y equipo) son excelentes. Después de mi experiencia acumulada en 20 años puedo afirmar que no existe “el mejor dispositivo” en abstracto: existe el más adecuado para cada paciente.
En la región periocular, donde la piel es especialmente delicada, los trabajos que comparan tecnologías (por ejemplo, láser fraccionado, radiofrecuencia e IPL) apuntan a que pueden existir mejoras en signos de envejecimiento con perfiles de tolerancia diferentes, lo que obliga a individualizar aún más.
Regeneración: PRP y polinucleótidos como aliados
Cuando el objetivo es “rejuvenecer sin rellenar”, tiene sentido hablar de terapias regenerativas. El PRP (plasma rico en plaquetas) aprovecha mediadores biológicos del propio paciente y se ha estudiado en dermatología para distintos fines: existen estudios publicados que demuestran que la administración de factores de crecimiento derivados de las plaquetas mejora la calidad de la piel en pacientes con fotoenvejecimiento y en enfermedades inflamatorias como la dermatitis atópica. La evidencia disponible es prometedora, pero también recuerda una limitación recurrente: hay variabilidad entre protocolos, concentraciones y forma de aplicación, lo que dificulta comparar estudios y estandarizar resultados. Precisamente por eso es importante que su indicación sea razonada y que forme parte de un plan global, no de una moda.
En paralelo, los polinucleótidos (como PN-HPT) se emplean como bioestimuladores con la intención de mejorar la calidad dérmica. En estudios clínicos se describen mejoras en parámetros de piel y un papel complementario cuando se combinan con otras herramientas, como el propio AH, en indicaciones seleccionadas.
Criterio, personalización y tiempo
En Esthea Medica, nuestra recomendación es priorizar una valoración médica que empiece por el diagnóstico, diseñar un plan por capas (calidad de piel, soporte y, si procede, regeneración) y avanzar de forma progresiva, respetando tiempos y respuesta individual. La dosis justa, en el lugar correcto y con el objetivo correcto sigue siendo, como casi siempre en medicina, lo que separa un resultado exagerado, incluso estridente, de un resultado delicado.
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Foto de Antoni Bernad, Telva.
